La ciencia no ha creado un tranquilizador tan eficaz como unas pocas palabras bondadosas - Freud Foto de Álvaro Ybarra
Jean Gary Apollon se encontraba ante el micrófono haciendo su programa, Sabor Latino, cuando sintió que todo se movía y espetó a su audiencia: "Esto ha sido fuerte". Puso música y salió a la calle, fue el último de la emisora y ante sus ojos se extendía un paisaje desolador. Eran las 16:53 de la tarde en Haití y un terremoto había destruido Puerto Príncipe.
Desde el seísmo Signal FM se ha convertido en la esperanza de todos los que sobrevivieron. Los locutores de esta modesta radio han sido una luz entre la polvareda de los edificios derrumbados, el brillo de la esperanza y de la información para todos aquellos que siguen buscando un atisbo de vida entre las ruinas de un país hundido, en su historia y en su presente.
Mientras que el país navegaba rumbo a ninguna parte el presidente, Rene Préval, no dio señales de vida. Lo hizo 24 horas más tarde y a través de una cinta de casete grabada con su voz que envió a la emisora. Carla Bluntschli, americana asentada en Haití desde hace más de 25 años, asegura que la radio "mantiene unido al país, reemplaza al gobierno".
Día y noche, periodistas y locutores leen nombres de personas desaparecidas y noticias sobre tiendas abiertas y celebridades muertas. Mientras reciben las llamadas frenéticas y los correos electrónicos del país dan a la gente la compañía necesaria para afrontar un futuro incierto. "Es común ver a sobrevivientes deambulando por las calles polvorientas y fétidas de Puerto Príncipe con un transistor pegado a la oreja", asegura la enviada especial de AP.
La noche sobre Haití cae rápido y en cuestión de veinte minutos la oscuridad en las calles de Puerto Príncipe es total. Las aceras se llenan de gente dispuesta a dormir y en los transistores Signal FM compite con Radio France Internacional. Se ha acabado el día y mañana mucha de esa gente de las calles les toca deambular y buscar, entre los escombros, parte de sus antiguas vidas. "Tal vez sólo buscan esperanza", asegura Mario Viau, presidente de la emisora.
Desde el seísmo Signal FM se ha convertido en la esperanza de todos los que sobrevivieron. Los locutores de esta modesta radio han sido una luz entre la polvareda de los edificios derrumbados, el brillo de la esperanza y de la información para todos aquellos que siguen buscando un atisbo de vida entre las ruinas de un país hundido, en su historia y en su presente.
Mientras que el país navegaba rumbo a ninguna parte el presidente, Rene Préval, no dio señales de vida. Lo hizo 24 horas más tarde y a través de una cinta de casete grabada con su voz que envió a la emisora. Carla Bluntschli, americana asentada en Haití desde hace más de 25 años, asegura que la radio "mantiene unido al país, reemplaza al gobierno".
Día y noche, periodistas y locutores leen nombres de personas desaparecidas y noticias sobre tiendas abiertas y celebridades muertas. Mientras reciben las llamadas frenéticas y los correos electrónicos del país dan a la gente la compañía necesaria para afrontar un futuro incierto. "Es común ver a sobrevivientes deambulando por las calles polvorientas y fétidas de Puerto Príncipe con un transistor pegado a la oreja", asegura la enviada especial de AP.
La noche sobre Haití cae rápido y en cuestión de veinte minutos la oscuridad en las calles de Puerto Príncipe es total. Las aceras se llenan de gente dispuesta a dormir y en los transistores Signal FM compite con Radio France Internacional. Se ha acabado el día y mañana mucha de esa gente de las calles les toca deambular y buscar, entre los escombros, parte de sus antiguas vidas. "Tal vez sólo buscan esperanza", asegura Mario Viau, presidente de la emisora.

Es increible la gran humanidad que presentan estas personas y sin ser motivada por el dinero, simplemente por su vocación.
ResponderEliminarSignal FM es un ejemplo de lo que es el periodismo y los locutores que trabajan en ella unos auténticos profesionales.
¡Ante estas personas me quito el sombrero!
Estos son periodistas auténticos con vocación, de los que no se quejan por trabajar 16 horas diarias.
ResponderEliminar