Mostrando entradas con la etiqueta Energías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Energías. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de enero de 2010

Un domingo de 1995


Era un domingo de marzo de 1995.  Muy temprano, un pueblo entero subía a un autobús, dentro del habitáculo las edades se mezclaban desde los 70 a los 7 años, las generaciones se mezclaban entre el sueños de los niños y la ira de los mayores. La temperatura no debía pasar de los 20 ºC. Las camisetas eran grises con un logo amarillo en el centro. Un pueblo entero caminaba al encuentro de toda una región. El Valle de los Pedroches se unía para protestar contra la instalación de un cementerio nuclear.

El autobús llegó antes de lo previsto, y miles de personas mostraban su indignación bajo pancartas y con la voz como única arma.  La muchedumbre no ocultaba su disconformidad ante lo que estaba pasando. El mensaje era claro y sólo había que hacerlo retumbar en los oídos de toda España. “No al cementerio nuclear”.

La manifestación transcurría con relativa calma uniendo la indignación de diecisiete municipios, y haciendo una masa consciente de lo que reivindicaba. Todos llegaron a una gran plaza. Desde un balcón una voz decía los males que aquel cementerio traería a la comarca.  “Nos quieren dejar sin casa y quieren acabar con nuestra tierra. No queremos un cementerio nuclear”, bramaban los altavoces. La muchedumbre, muy agitada, hacía surgir un sentimiento de pertenencia a una tierra que los de mi generación nunca antes habíamos conocido. Aquellos corazones gritaban juntos y se encogían ante la posibilidad de perder sus casas.

Todavía hoy, casi quince años después de aquel domingo del 95, se me encoje el corazón cuando leo los carteles de “fin de la zona radioactiva” en una de las entradas de mi pueblo. Todavía surgen ante mí los antiguos fantasmas que un día amenazaron con quitarme mis raíces y devastar mi pasado. No puedo mirar hacia otro lado cuando se habla de personas que apoyan la energía nuclear  en Ascó o en Yebra, no puedo mirar hacia otro lado después de Chernóbil o Hiroshima. Ante todos los que defienden la implantación de esos cementerios yo me acuerdo de mi abuelo, de mi madre, de mi padre, de todos los que allí juntos gritaban contra la energía nuclear.

¿Quieren instalar cementerios nucleares? Les espero con mi pancarta y mi camiseta gris con el logo antinuclear en amarillo. Les espero con el eslogan “No nuclear”.