martes, 2 de febrero de 2010

Invictus, un largo camino hacia la libertad

Cuando el mundo levantaba suspicacias, sobre el Fin del Mundo y el efecto 2000, un chico de unos 16 años entraba en una librería fascinado por las biografías. Acababa de leerse “La Biografía en Rojo del Che Guevara”, heredada de su padre, y buscaba algo que le hiciera sentirse libre. Recuerdo aquella estantería y el título del libro que tenía en las manos: “Un Largo Camino hacia la Libertad”. Comenzaba, sin saberlo, a conocer a un personaje increible, Nelson Mandela. Aquel libro era la primera parte de sus memorias. Durante días en mis manos corría su infancia, el abandono de su aldea, sus primeros acercamientos a la política, su estancia en la cárcel, su visión de Apartheid, su llegada a la presidencia y su “nueva” idea de Sudáfrica.

Un par de años más tarde, coincidiendo con el ingreso en la Universidad, los All Black y su historia me acercaban al rugby del primer nivel en un partido contra los Springboks, la selección de Sudáfrica. Era un partido del Tres Naciones y recuerdo que ambos debían enfrentarse a Australia para colmar sus aspiraciones. Aquel deporte me llamó la atención y me hizo pegarme al televisor más de una tarde.

Cuando me dijeron que iba existir una película que aunaba estos dos factores, me dije que no me la podía perder. Cuando me contaron que estaba basada en un libro de John Carlin, magnifico escritor y columnista que he seguido con ansia en las páginas de El País, me repetí que no podía perderme esa película. Pero cuando descubrí que era Clint Eastwood el director, que me fascinó con Million Dólar Baby y con Gran Torino, decidí que ya era hora de ir a ver esa película.

Colmado de aspiraciones me senté en la sala de un cine con un botellín de agua en las manos. Comenzó la película narrando la salida de Mandela de la cárcel y las letras de aquella biografía retumbaban en mi mente. Cada diálogo me recordaba a la prosa simple y magnifica que John Carlin desprende en sus artículos, cada giro de cámara me hacía sentir la mano de un maestro del séptimo arte y cada vez que ese balón ovalado aparecía en pantalla el señorío del rugby bombardeaba mis sentidos.

Me emocioné. Cada vez que Morgan Freeman salía en ese despacho ejerciendo de Mandela, ejerciendo de presidente, me corría un cosquilleo extraño por el cuerpo. Tal vez notaba como avanzaba en mi largo camino hacia la libertad, tal vez daba un paso más en la vida, no lo sé. Lo único cierto es que esa película me hizo sentir y me hizo acercarme a un pasado y a unas sensaciones que ya daba por perdidas.

2 comentarios:

  1. Emociona, si, pero no deja de transmitir la sensación de que es una película que tenía que haber aparecido hace 5 años, cuando el género estaba más de moda. Nace hoy y ya es vieja, pero no quita para que sea muy buena.

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  2. Quizá el género se ha desfasado, pero se está poniendo de moda lo retro asi que a lo mejor no es tarde.

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